
Siempre lo he dicho: "amo comer y siempre tengo hambre", pero algo que también disfruto hacer es cocinar.
Sí, me gusta cocinar, jugar con la mezcla de sabores, ponerle amor a cada preparación. Y con esto me refiero a no quejarme mientras cocino, odiaba que hicieran eso y quizás por eso no lo hago.
Soy de las que prefiere hacer unos shawarmas, unas pizzas o pasta en casa, que pedir un delivery y el plato lo sirvo con su respectiva presentación, pues me gusta que todo vaya y se vea bien, aunque a veces no se logra del todo.

En estos días hice una lasaña al estilo Eli, es decir, la preparo a mi gusto, con mi forma y sazón, sin guiarme de nadie: mi receta lleva los ingredientes básicos, pero sin jamón, solo tocineta y tajadas de plátano maduro frito para darle un toque dulce a la lasaña o pasticho como le dicen en Venezuela.
Para ese día tenía varios invitados, mi mamá que ahora almuerza con nosotros, uno de mis hermanos que vino por el feriado a pasar unos días en la ciudad y un amigo músico al cual le teníamos pendiente la invitación. ¿Mi temor? Que no alcanzará. ¿Mi alegría? Alcanzó y sobró.


Me encanta ver a la gente disfrutar la comida, quedar satisfechos y además escuchar sus críticas positivas sobre el plato, por eso para mí cocinar y comer: es un arte. Un privilegio que se disfruta en cada bocado, en cada esencia que se le aplica a un plato y en cada detalle, pero en especial en el amor se pone al preparar cualquier receta.
Y si no te gusta lavar platos 🫠, has como yo: compra desechables 😅, cuando hay mucha gente es bastante útil tenerlos.

