Con la carne molida mezclo lentejas, y no se notan. Porque el tema es que Fabri las coma, pero aunque se queja, termina comiéndolo.
Como que la infancia no se lleva con las lentejas. Recuerdo que a la edad de Fabricio y más, cada vez que nos tocaba comer lentejas, cantábamos Lentejas, comida de viejas. Si quieres, las comes; si no, las dejas. Cantábamos y nos las comíamos.
Feliz y bendecido día para los tres.
Jajaja. Porque la infancia de mis hijos estuvo marcada por la mega crisis de Venezuela, en la que las arepas eran de lo que se podía, y los granos estaban todos los días en la mesa. Quedaron traumados mis niños, por más que yo hice lo posible por variarles los menúes
Los granos, lentejas, garbanzos y alubias, caraotas o porotos han estado en mi plato desde mi infancia hasta siempre, hasta en tiempos de la Venezuela saudita cuando se incorporaron las arvejas y en una crujida en tiempos del chiripero los quinchonchos.
De arepas con lengua sé un poco y de moler maíz, hasta de pelarlo primero con ceniza o cal, que tiene su sabor particular; resulta algo indigesto para diario.
Deberíamos organizar un Locro en colectivo para rescatar el gusto por las leguminosas. 😀 Feliz día.
Yo te hablo de arrpas de auyama, calabacin, platano verde, chayota, y lo que pudiera licuar y mezclar con un poco de harina de maiz para rendirla.
De esas sabe Crucita, que a veces me sirve unas arepas verdes, envidia de cualquier copeyano.
De chayota nunca probé, pero de anco, calabacín, zanahoria, espinacas y acelgas, más de una vez. Hasta con hojas de moringa.